lunes, 12 de mayo de 2014

Periodismo boliviano en el ojo de la tormenta

Sucre, 12 May.- El ejercicio del periodismo en Bolivia tropieza actualmente con factores adversos que dificultan la tarea de los informadores y, en muchos casos, suponen un freno a la libertad de prensa según el análisis de profesionales del medio.

“El periodismo boliviano se debate, hoy, en un contexto político altamente polarizado que pretende convertir a periodistas y medios de comunicación en actores al servicio de intereses circunstanciales de poder”, afirma el director del diario sucrense “Correo del Sur”, Marco Dipp.

Dipp, que fue presidente de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), considera que si bien el país goza de libertad de prensa y expresión, “en los últimos años se han aprobado y puesto en vigencia numerosos mecanismos legales que a todas luces buscan restringir esos derechos fundamentales reconocidos por la Constitución Política del Estado”.

“El desafío de los hombres de la información es, en consecuencia, el de blindarse contra cualquier presión, abierta o encubierta, para ejercer en todo momento su labor con la mayor honestidad, sin temor y con total sentido ético y de responsabilidad social”, sostiene Dipp.

“Si en un momento los periodistas jugaron un rol decisivo para la recuperación de la democracia, la responsabilidad del periodismo hoy es la de defender y fortalecer este sistema democrático que no es posible concebir sin la vigencia plena de la libertad de prensa”, agrega.

Para el periodista y columnista del mismo medio, Oscar Díaz Arnau, la labor periodística en Bolivia se caracteriza por una libertad “parcial” y advierte que en muchos casos se ha impuesto la “autocensura” debido “a la presión política”.

“Tenemos las leyes que permiten un ejercicio de la libertad de prensa y hace que los periodistas gocemos de libertad para trabajar, pero a la vez, de un tiempo a esta parte hay una autocensura en general debido a la presión política, a partir principalmente de la identificación del presidente Evo Morales de los medios como si fueran opositores (políticos) en el país”, señala Díaz Arnau.

“Las condiciones en este momento no son las ideales. Tenemos otros ejemplos, como Uruguay que está entre los países en los que la libertad de prensa se acerca a la plenitud; sin embargo, aquí no sé hasta dónde puede llegar la actividad periodística en estas condiciones”, subraya.

Díaz Arnau también cree importante profundizar el debate sobre la propiedad de los medios, pues sostiene que este factor tiene una influencia determinante en el desarrollo de la actividad periodística en general.

“Hoy más que nunca se hace necesario conocer la propiedad de los medios para que los periodistas podamos trabajar libres, sin presiones, y que el público pueda conocer lo que se le ofrece. El público es bastante maduro democráticamente hablando y merece estar al tanto de lo que ocurre dentro de los medios, no es el mismo público de ahora que el que había hace 30 años”, enfatiza.

Por su parte, la directora de Radio Loyola Fides, Jhandira Martínez, califica el ejercicio de la profesión como “muy difícil” en Bolivia y en otros países de la región.

“Puede que el compromiso sea humano, pero lamentablemente vemos que muchos medios de comunicación no está yendo en el mismo sentido que la gente que trabaja en estos medios. A veces tiene que callar y someterse a ciertas líneas políticas que están controlando los medios”, apunta Martínez.

“El verdadero periodista que no embarga su voz es el que se siente verdaderamente libre, pero lamentablemente no se nos está permitiendo y garantizando el poder desempeñar este rol en óptimas condiciones”, sostiene la directora de Loyola.

Asimismo, Martínez pone énfasis en el hecho de que son muy pocos los medios que pueden ofrecer condiciones laborales óptimas para el ejercicio de la profesión, y que ello se ve reflejado –según afirma- en situaciones como las que vivieron en Sucre dos informadores que fueron víctimas de graves accidentes y que tuvieron que acudir a una colecta pública para pagar los servicios médicos.

“Es una profesión muy arriesgada y muy mal remunerada. Hay que seguir trabajando para que ojala el escenario de aquí en adelante se pinte de mejor forma”, concluye.

ANF

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