viernes, 23 de diciembre de 2011

Albañil quedó paralítico en el El Alto

Cayó tres metros en una construcción y se fracturó vértebras que inmovilizaron sus extremidades. Tiene seis hijos y su mujer no cuenta con remuneración.

Cuando Marcelino Mamani despertó tras tres días de inconsciencia y echado en una cama de hospital, ya nada le dolía. Y al tratar de incorporarse, notó que su cuerpo no se movía ni un milímetro del cuello para abajo.

“Mi mujer, el doctor, las enfermeras, todos tenían miedo de decirme la verdad”, describe Marcelino (de 40 años) al instante que supo que estaba paralítico.

Hoy está inerte en la cama 20 de la sala de Neurocirugía del Hospital de Clínicas de La Paz, con un almohadón en el cuello que eleva su cabeza y le da estabilidad para dirigirse a las personas, a la espera de una operación que mejore su condición inmóvil.

Menos de tres metros fue la altura que el infortunio llevó a este albañil a caer de nuca, partiéndose la quinta y sexta vértebras cervicales que dieron fin a la conexión con el resto de la columna vertebral con lo que se anuló la movilidad de sus piernas y brazos.

“Oí como que algo se rompía, es que caí sobre un piso que estaba cubierto de ladrillos”, describe el momento en que el miércoles 7 de diciembre resbaló del techo de la construcción que él mismo levantaba.

En su oficio, Marcelino ganaba entre 2.000 y 3.000 bolivianos por obra gruesa concluida. La casa de un piso que Marcelino construía ese miércoles en Villa Tunari, en la ciudad de El Alto, le remuneraría 1.500 bolivianos, ya que no la erigía solo, por lo que el pago de 3.000 lo dividiría con su compañero. Una cantidad menor sumaría a ese monto si realizaba además la obra fina.

“Estaba limpiando los ladrillos en la parte que sería el techo y no me fijé que una parte todavía no tenía la base firme”. Luego del tropiezo, al llegar a la superficie de ladrillos comenzó a gritar por el pesar en la espalda.

La empleadora y su compañero lo cargaron hasta un centro de salud de donde lo trasladaron al complejo hospitalario de Miraflores, donde permaneció tres días prácticamente adormecido y dopado por las pastillas contra el dolor de su columna. Hoy él ya no siente nada.

Érika Silva tiene 35 años y es su pareja desde hace 20, la edad que tiene el mayor de sus seis hijos, la menor tiene cuatro años. Su mujer permanece puntual en los horarios de las comidas para darle de comer.

Marcelino aún no se responde a cómo será que Érika –ama de casa- logrará conseguir la manutención para sus seis hijos. De momento, son sus hermanos quienes le ayudan en la alimentación y el pago de los medicamentos que requiere el paciente.

Pero tampoco se responde cómo pudo terminar paralítico en una cama de hospital por un descuido mínimo como el que él tuvo. Aún no asume el resultado que hoy sufre por su caída: “no entiendo qué pasó, sólo eran unos tres metros”.

Tornillos y placa en la columna

Marcelino Mamani será intervenido hoy para darle mejores condiciones a su deteriorada columna. Para ello, él espera el aporte económico de la población en la cama 20 de la sala de Neurocirugía del Hospital de Clínicas en Miraflores, para cancelar ese costo, que asciende a más o menos 12.000 bolivianos.

Igor Toco, residente de Neurocirugía, cuenta cuál es el objetivo de la cirugía: “El propósito de la operación es fijar la columna, que como se fracturó y luxó es una columna inestable que ante cualquier toque se puede doblar de manera muy fácil e incluso puede fracturarse aun más en uno de esos movimientos”.

En la intervención, con tornillos y una placa de titanio se buscará fijar y estabilizar la estructura ósea, que actualmente -debido al daño sufrido- es una estructura demasiado dócil.

Pero el objetivo de mejoría sólo es para la parte ósea, porque la médula espinal ya está lesionada, por lo que el deterioro aún no se puede determinar, la parálisis en cierto grado es irreversible.

Página Siete

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